Porque hay noches
que no se olvidan jamás
Puedes ver mil fotos de la Feria. Vídeos, reels, documentales. Y seguirás sin entender lo que es estar ahí. Porque la Feria no es una imagen, es una sensación que te entra por los poros. Es el calor de las bombillas de colores reflejándose en el empedrado húmedo a las tres de la madrugada. Es el olor a albero mezclado con perfume y manzanilla. Es el sonido de una guitarra que sale de una caseta y te para en seco en mitad de la calle.
Esa noche —la primera noche que pisas el Real de la Feria— se convierte en un antes y un después. No porque ocurra nada extraordinario, sino porque de repente entiendes que hay formas de estar vivo que aún no habías probado. La Feria es una de ellas.











